El descubrimiento en Níger de un Spinosaurus mirabilis, un carnívoro de 13 metros con una llamativa cresta craneal, obliga a replantear cómo vivían y cazaban algunos de los dinosaurios más singulares del Cretácico

Un equipo internacional de paleontólogos ha anunciado el hallazgo de un dinosaurio en el desierto del Sáhara (Níger), un descubrimiento que podría cambiar lo que se sabía sobre uno de los depredadores más enigmáticos del Cretácico. El estudio, publicado el pasado jueves en la revista Science, describe a este Spinosaurus mirabilis, un gran carnívoro que vivió hace unos 95 millones de años y que presenta rasgos anatómicos hasta ahora desconocidos en su grupo.
El fósil fue encontrado en la remota región de Jenguebi, en el norte de Níger, durante una expedición liderada por el paleontólogo estadounidense Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, en la que también participó el investigador español Daniel Vidal. La campaña, realizada en 2022, implicó un duro viaje de varios días por el desierto y el trabajo en una zona extremadamente aislada, lo que da idea de la complejidad logística del hallazgo.
Este nuevo espinosaurio medía alrededor de 13 metros de longitud y pesaba entre seis y siete toneladas, lo que lo sitúa entre los mayores dinosaurios carnívoros conocidos. Como otros miembros del grupo, poseía un hocico alargado similar al de los cocodrilos, y dientes cónicos entrelazados, adaptaciones ideales para capturar peces.
Sin embargo, la característica más llamativa del Spinosaurus mirabilis es una gran cresta ósea en forma de cimitarra (un tradicional sable persa) situada sobre el cráneo. Los investigadores creen que esta estructura, probablemente recubierta por tejido de colores vivos, no tenía función de caza, sino que servía como elemento de exhibición visual, posiblemente relacionado con la comunicación o el cortejo.
El hallazgo tiene implicaciones científicas de gran alcance. Durante años, el género Spinosaurus se había interpretado como un dinosaurio casi totalmente acuático, capaz de nadar y bucear como un cocodrilo. No obstante, los nuevos fósiles fueron hallados en depósitos fluviales del interior, lejos de la costa, y su anatomía sugiere que este animal cazaba en aguas poco profundas, caminando como hacen hoy las garzas.
Para los investigadores, esta evidencia refuerza la idea de que los espinosáuridos ocupaban un nicho ecológico intermedio entre los depredadores terrestres y los acuáticos. El propio Sereno ha señalado que el descubrimiento apunta a ser un golpe decisivo para la hipótesis del espinosaurio completamente marino.
Además de su relevancia científica, la expedición ha permitido identificar numerosos nuevos yacimientos fósiles en la región y reforzar los proyectos de colaboración, formación y puesta en valor del patrimonio paleontológico en Níger. Los investigadores consideran que el Sáhara central se perfila como un enclave clave para comprender la evolución de los grandes depredadores del Cretácico africano.