La científica estadounidense dirigió el desarrollo del software de vuelo del programa Apolo de la NASA y contribuyó a consolidar la ingeniería de software como una disciplina fundamental

Margaret Hamilton, una de las grandes pioneras de la informática moderna, ha fallecido a los 90 años. La científica estadounidense, cuyo trabajo resultó decisivo para el éxito de las misiones Apolo de la NASA, murió el pasado 30 de septiembre, según informó el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el 7 de octubre. Su trayectoria estuvo marcada por importantes avances en el desarrollo de programas informáticos y por su contribución a una de las mayores hazañas de la exploración espacial: la llegada del ser humano a la Luna en 1969.
Hamilton se graduó en Matemáticas en el Earlham College en 1958. Un año después comenzó a trabajar en el MIT, donde participó inicialmente en proyectos relacionados con la predicción meteorológica. Posteriormente, se incorporó al desarrollo de sistemas informáticos de defensa aérea, antes de dar el salto al programa espacial estadounidense.
A mediados de la década de 1960, Hamilton se incorporó al Laboratorio de Instrumentación del MIT, encargado de desarrollar el software de navegación y control de las misiones Apolo. Allí terminó dirigiendo el equipo responsable de los programas informáticos de vuelo, cuya fiabilidad resultaría imprescindible para garantizar la seguridad de los astronautas.
Su aportación fue especialmente importante durante el alunizaje del Apolo 11, el 20 de julio de 1969. Cuando el módulo lunar Eagle se aproximaba a la superficie, su ordenador comenzó a emitir alarmas debido a una sobrecarga de tareas. Sin embargo, el software desarrollado por el equipo de Hamilton permitió priorizar las operaciones esenciales y continuar el descenso. Gracias a este sistema, los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin pudieron completar el aterrizaje en la Luna, protagonizando uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX.
La científica también contribuyó a popularizar el término “ingeniería de software”, defendiendo que la programación debía reconocerse como una disciplina técnica rigurosa, equiparable a otras ramas de la ingeniería.
Tras su participación en el programa Apolo, Hamilton continuó desarrollando nuevas metodologías informáticas y fundó empresas dedicadas a mejorar la fiabilidad de los sistemas de software. Su carrera estuvo especialmente vinculada a la prevención de errores y al diseño de programas capaces de responder ante situaciones imprevistas.
En 2016, el presidente Barack Obama le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad, una de las mayores distinciones civiles del país, en reconocimiento a sus contribuciones científicas y tecnológicas.
Su figura también adquirió una importante dimensión simbólica como referente femenino en un sector dominado por hombres. Una célebre fotografía de 1969, en la que aparece junto a una enorme pila de documentos que contienen el código desarrollado por su equipo, se convirtió en una imagen representativa de su legado.