sábado, febrero 21, 2026
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La representación del horóscopo en el arte: del símbolo cósmico al imaginario contemporáneo

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Desde los primeros mapas celestes grabados en piedra hasta las ilustraciones digitales que circulan hoy en redes sociales, los signos del zodíaco han acompañado la imaginación visual del ser humano. El horóscopo, más que una simple superstición, ha funcionado, durante siglos, como un sistema simbólico que conecta el cuerpo y el cosmos, la experiencia individual y el orden universal. En el arte, esta relación ha dejado su huella: mosaicos, manuscritos, frescos o grabados donde los artistas buscaron representar lo invisible – las fuerzas cósmicas, el destino, la armonía del universo – a través de imágenes.

La astrología, entendida como el lenguaje visual del cosmos, ha ofrecido un repertorio de figuras arquetípicas que el arte supo utilizar para narrar la relación entre el ser humano y el orden celeste. Como señaló Ernst Cassirer, toda cultura se expresa mediante «formas simbólicas» que median entre el pensamiento y la experiencia. Hoy, en pleno siglo XXI, el horóscopo reaparece en el arte contemporáneo con nuevos significados: desde el esoterismo pop hasta la exploración de la identidad y el deseo de autoconocimiento. Este artículo recorre esa evolución, del símbolo cósmico al imaginario digital, para comprender cómo el zodíaco continúa inspirando al arte como espejo del universo y del propio ser.

Marco simbólico: astrología, arte y cosmos

Desde la Antigüedad, el arte y la astrología compartieron un mismo impulso: representar el orden invisible del mundo. El zodíaco, a través de sus doce signos, fue concebido como un mapa del cielo que reflejaba la estructura del ser humano y su destino. En las culturas mesopotámicas, egipcias y griegas, los artistas tradujeron ese conocimiento astronómico y simbólico en imágenes: relieves, cerámicas o mosaicos que unían observación empírica y pensamiento mágico.

La astrología parte de una idea esencial: la correspondencia entre el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el individuo). Esta noción, que atravesó la filosofía hermética y el pensamiento medieval, convirtió al cuerpo humano en espejo del cosmos. De ahí surgió el concepto de «hombre zodiacal», donde cada signo regía una parte del cuerpo, integrando arte, medicina y espiritualidad. Estas imágenes no eran simples decoraciones, sino representaciones de un orden sagrado que daba sentido al mundo y a la existencia.

A lo largo de la historia, los artistas han encontrado en el zodíaco un lenguaje visual privilegiado para expresar lo trascendente. Ya sea en un mosaico bizantino o en una ilustración contemporánea, los signos funcionan como arquetipos universales, condensando emociones, mitos y ciclos vitales. En este sentido, la astrología puede entenderse como una de las primeras «teorías de la imagen», donde la forma visual actúa como mediadora entre lo humano y lo cósmico.

Representaciones del zodíaco en la historia del arte

Mundo antiguo y medieval

Antes del florecimiento del arte zodiacal, ya existían antecedentes en las civilizaciones mesopotámicas y egipcias. En Babilonia, hacia el segundo milenio a.C., los astrónomos-sacerdotes elaboraron los primeros registros sistemáticos de los movimientos celestes, asociando constelaciones y planetas con presagios humanos. En Egipto, el célebre Zodíaco de Dendera (siglo I a.C.) muestra una compleja composición circular con los doce signos y decanatos, ejemplo temprano de cómo el cielo se convirtió en imagen sagrada y herramienta simbólica para comprender el destino.

Las primeras representaciones artísticas del zodíaco en el ámbito grecorromano fusionaron precisamente estas tradiciones astrológicas de Mesopotamia y Egipto. Los signos zodiacales aparecían en mosaicos y templos como parte de una cosmovisión ordenada y armónica del universo. Uno de los ejemplos más célebres es el mosaico de Beit Alpha (siglo VI, Israel), que combina la iconografía judía con la rueda zodiacal, mostrando a Helios en el centro rodeado por los doce signos.

Durante la Edad Media, el zodíaco se integró en los calendarios agrícolas y litúrgicos, reflejando el paso del tiempo y la dependencia humana de los ciclos naturales. Los manuscritos iluminados, como el Très Riches Heures du Duc de Berry (ca. 1410), asocian cada mes con un signo y con labores campesinas. Esta unión entre lo astral y lo terrenal ilustra la visión cristiana del cosmos como un sistema jerárquico creado por Dios.

Asimismo, la iconografía del «hombre zodiacal» – donde cada parte del cuerpo se correspondía con un signo – revelaba el vínculo entre astrología, medicina y teología, reforzando la idea del cuerpo como microcosmos del universo.

Renacimiento y Barroco

El Renacimiento redescubrió el valor simbólico de la astrología dentro de un nuevo paradigma humanista. En los frescos del Palazzo Schifanoia (Ferrara, ca. 1469-1470), los artistas de la Escuela de Ferrara, como Francesco del Cossa, representaron los signos del zodíaco junto a deidades clásicas y alegorías del tiempo, reflejando la fusión entre mitología, astrología y política.

Los artistas renacentistas consideraban que el orden cósmico expresado por el zodíaco simbolizaba la armonía del mundo y la racionalidad divina. Rafael, Tiziano o Rubens emplearon los signos en decoraciones cortesanas o en series alegóricas, donde el firmamento actuaba como espejo del orden social. Como señala el historiador Aby Warburg, el Renacimiento reinterpretó las imágenes astrológicas antiguas no como superstición, sino como un lenguaje poético que unía ciencia, arte y mito.

Durante el Barroco, el zodíaco se convirtió en un motivo ornamental y teatral, presente en techos y relojes astronómicos, símbolo de la magnificencia divina y del paso inexorable del tiempo.

Siglo XIX y Simbolismo

En el siglo XIX, con el auge del ocultismo y las sociedades esotéricas, el zodíaco resurgió como un motivo cargado de misterio y subjetividad. Los simbolistas vieron en la astrología una vía de acceso al mundo interior y a la espiritualidad perdida por la modernidad industrial. Artistas como Alphonse Mucha, con su serie Le Zodiaque (1896), transformaron los signos en figuras femeninas etéreas, combinando sensualidad, naturaleza y mito.

Para los simbolistas, los signos del zodíaco representaban arquetipos del alma humana, en sintonía con la idea romántica del artista como médium entre lo visible y lo invisible. En esta época, el zodíaco dejó de ser una estructura científica del cosmos para convertirse en un repertorio de metáforas psicológicas y estéticas, preludiando su reinterpretación contemporánea.

El zodíaco en el arte contemporáneo

Ruptura y resignificación

En el siglo XX, el zodíaco dejó de ser un motivo sagrado o decorativo para transformarse en un campo de experimentación simbólica y cultural. Lejos de la solemnidad de las cosmologías antiguas, los artistas modernos reinterpretaron los signos como arquetipos personales, ironías del destino o recursos gráficos de la cultura popular.

En los años sesenta, Salvador Dalí creó su serie litográfica The Twelve Signs of The Zodiac (1967), donde la imaginería astrológica se mezcla con su universo surrealista. Los signos se convierten en formas oníricas y excéntricas, animales fantásticos y figuras ambiguas, componiendo una especie de tarot visual en el que el destino se vuelve una experiencia estética. La astrología se integraba así en el lenguaje pop y comercial, anticipando la fascinación contemporánea por el cruce entre arte, misticismo y consumo cultural.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI, el zodíaco reaparece en el arte conceptual y digital. Artistas como Marina Abramović o Yayoi Kusama exploran la energía cósmica, los ciclos o la conexión espiritual en performances e instalaciones que vinculan cuerpo y universo. En el arte digital y las redes sociales, los signos del zodíaco se reconfiguran como identidades fluidas, memes o formas de autoexpresión, donde astrología y cultura visual convergen en una estética del autoconocimiento.

Dimensión social y política

Más allá del interés individual, la astrología contemporánea ha adquirido una dimensión social, especialmente en contextos de crisis o desconfianza hacia la racionalidad dominante. En el arte actual, el zodíaco puede interpretarse como una metáfora del deseo colectivo de sentido frente a la incertidumbre del capitalismo tardío.

Algunas corrientes feministas, queer y decoloniales han resignificado el lenguaje astrológico para subvertir sus raíces patriarcales y eurocéntricas. Por ejemplo, artistas como Black Quantum Futurism trabajan con nociones temporales y astrológicas para proponer visiones alternativas de futuro y comunidad, mientras astrólogas como Chani Nicolas articulan la astrología desde una praxis intersecional que incluye género, raza e identidad. Este «horóscopo político» convierte los arquetipos zodiacales en espacios de resistencia cultural y empoderamiento.

En la cultura visual contemporánea – desde ilustraciones digitales hasta instalaciones interactivas –, el zodíaco funciona como un código común que articula nuevas comunidades afectivas. Como sugiere el historiador Nicolas Bourriaud, el arte actual no se limita a producir objetos, sino vínculos: y pocos lenguajes resultan tan universales, simbólicos y maleables como la astrología.

Reflexión teórica y simbólica

El zodíaco, como lenguaje visual, ha sobrevivido a todos los cambios de paradigma porque apela a una necesidad constante: dotar de sentido al tiempo y a la existencia. En cada época, los signos del horóscopo han sido espejos de las preocupaciones colectivas: del orden cósmico antiguo a la introspección romántica o al autoconocimiento digital de hoy. Esta persistencia demuestra, como sugería Ernst Cassirer (Filosofía de las formas simbólicas, 1923), que el ser humano piensa mediante símbolos y necesita traducir lo inefable del mundo en imágenes comprensibles.

En el arte contemporáneo, la astrología ha pasado de la creencia a la metáfora, del sistema predictivo al imaginario crítico. Su retorno puede entenderse como síntoma del desencanto moderno frente a la racionalidad capitalista y tecnológica. Mark Fisher (Realismo capitalista, 2009) señaló cómo el capitalismo produce una sensación de agotamiento de lo posible; el auge del esoterismo y de los lenguajes simbólicos en el arte sería, entonces, una respuesta a esa clausura de sentido.

El zodíaco funciona hoy como un código relacional: un puente entre lo íntimo y lo colectivo, entre la identidad y el cosmos. En su viaje desde los templos mesopotámicos hasta las pantallas de los teléfonos, el horóscopo ha dejado de ser una cartografía del destino para convertirse en una poética visual de la conexión humana.