martes, agosto 4, 2026
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La Odisea: el viaje de Homero que Christopher Nola lleva al cine

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Después de combatir durante diez años en la guerra de Troya, Odiseo emprendió el regreso de camino a la isla de Ítaca, el pequeño reino donde lo esperaban su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Lo que debía ser una travesía de vuelta al hogar terminó prolongándose durante otra década, marcada por naufragios, criaturas monstruosas, intervenciones divinas y constantes pruebas para la inteligencia y la resistencia del héroe.

Casi tres mil años después de su composición, La Odisea continúa inspirando nuevas interpretaciones. La última ha llegado a los cines de la mano de Christopher Nolan, quien ha convertido el poema atribuido a Homero en una gran producción épica estrenada el pasado 17 de julio. Sin embargo, detrás de sus cíclopes, hechiceras y mares desconocidos se encuentra algo más que una sucesión de aventuras: una reflexión sobre la guerra, la identidad, la memoria y el deseo de regresar a un hogar que también ha cambiado durante su ausencia.

Homero y el nacimiento de La Odisea

La Odisea y La Ilíada son las dos grandes epopeyas atribuidas a Homero, el aedo (cantor o poeta de epopeyas). Su composición suele situarse entre el siglo VIII y comienzos del VII a.C., aunque determinar su fecha resulta complicado debido a su origen en una extensa tradición oral. Los aedos transmitieron y transformaron estos relatos mediante la recitación, empleando fórmulas, epítetos y estructuras repetidas que facilitaban su interpretación ante el público.

La propia identidad de Homero continúa siendo un misterio lleno de interrogantes. No existe certeza sobre si fue un poeta histórico, si intervino de algún modo en la fijación de los relatos o si su nombre terminó representando una tradición colectiva desarrollada durante siglos. La obra que ha llegado hasta nuestros días está organizada en 24 cantos y comienza después de la caída de Troya. Mientras La Ilíada se concentra en un episodio ocurrido durante la guerra, La Odisea relata sus consecuencias a través del accidentado regreso de uno de los combatientes griegos.

Ítaca espera: Penélope, Telémaco y los pretendientes

Mientras Odiseo intenta regresar, la situación en Ítaca se vuelve cada vez más difícil. Convencidos de que el rey ha muerto, muchos pretendientes se instalan en su palacio, celebran continuos banquetes a costa de sus bienes y presionan a Penélope para que elija entre ellos a un nuevo esposo. Su presencia amenaza tanto al patrimonio familiar como la posición de Telémaco, todavía demasiado joven al comienzo del poema para imponer su autoridad.

Penélope consigue aplazar la decisión mediante una estratagema: promete casarse cuando termine de tejer un sudario para Laertes, padre de Odiseo, pero cada noche deshace en secreto el trabajo realizado durante el día. El engaño se prolonga duranta tres años, hasta que algunas de sus sirvientas revelan lo ocurrido a los pretendientes.

Paralelamente, Telémaco comienza a abandonar la pasividad de su juventud. Animado por Atenea, que adopta distintas apariencias para guiarlo, parte en busca de noticias de su padre y visita a antiguos combatientes de la guerra de Troya. Esta primera parte del poema, la Telemaquia, muestra que la ausencia de Odiseo no ha detenido el tiempo: Penélope resiste, Telémaco madura y el orden de Ítaca se aproxima peligrosamente a su ruptura.

Entre dioses, monstruos y mares desconocidos

Aunque La Odisea relata un largo viaje, sus acontecimientos no aparecen ordenados cronológicamente. Cuando el poema comienza, Odiseo lleva años retenido en la isla de la ninfa Calipso. Después de que los dioses permitan su partida, construye una balsa, sobrevive a una nueva tempestad provocada Poseidón y alcanza el territorio de los feacios. Allí lo acoge el rey Alcínoo, revela su identidad a los feacios y relata las desgracias que lo han perseguido desde su salida de Troya.

Uno de sus encuentros más conocidos es el protagonizado por Polifemo. El cíclope encierra a los griegos en su cueva y devora a varios de ellos, pero Odiseo consigue emborracharlo y asegura llamarse “Nadie”. Cuando el héroe y sus compañeros lo ciegan con una estaca, Polifemo pide ayuda, aunque los demás cíclopes interpretan que nadie lo está atacando. Los supervivientes escapan ocultos bajo sus ovejas, pero Odiseo comete la imprudencia de revelar su verdadero nombre. Polifemo, hijo de Poseidón, pide entonces al dios que obstaculice su regreso.

Las siguientes etapas reducen progresivamente la tripulación. Eolo les entrega un recipiente con todos los vientos, el cual abren llegando a Ítaca, liberando las tempestades y provocando su alejamiento. Más tarde, los lestrigones destruyen todas las embarcaciones salvo una. En la isla de Circe, la hechicera transforma en cerdos a varios hombres, aunque Odiseo, protegido por Hermes, logra recuperar su forma. Circe le indica que debe consultar en el mundo de los muertos al adivino Tiresias, quien le advierte de los peligros que todavía le esperan.

Durante la última parte de la travesía, Odiseo escucha el canto de las sirenas atado al mástil de su barco, mientras sus compañeros reman con los oídos tapados. También debe cruzar el estrecho dominado por Escila y Caribdis, dos amenazas entre las que resulta imposible pasar sin sufrir pérdidas. Finalmente, sus hombres desobedecen la prohibición de sacrificar el ganado sagrado de Helios. Zeus destruye la nave como castigo y Odiseo, único superviviente, llega a la isla de Calipso.

Tras escuchar su historia, los feacios le proporcionan un barco y regalos y lo conducen finalmente hasta Ítaca. Homero convierte, así, el relato de las aventuras en un ejercicio de memoria: antes de recuperar su hogar, Odiseo debe reconstruir mediante la palabra todo cuanto ha vivido y perdido.

El regreso a Ítaca

Cuando los feacios lo dejan en Ítaca, Odiseo no recupera inmediatamente su lugar como rey. Atenea modifica su apariencia para convertirlo en un anciano mendigo y le aconseja ocultar su identidad mientras averigua quiénes permanecen leales. Bajo este disfraz se refugia junto a Eumeo, su servidor, y se reencuentra con Telémaco, ante quien finalmente revela quién es. Padre e hijo comienzan entonces a preparar la expulsión de los pretendientes.

Penélope, entretanto, propone una prueba: se casará con el hombre capaz de tensar el arco de Odiseo y disparar una flecha a través de doce hachas alineadas. Ninguno de los pretendientes logra siquiera preparar el arma. El supuesto mendigo pide intentarlo, tensa el arco sin dificultad y supera la prueba antes de volverlo contra quienes han ocupado su casa. Con la ayuda de Telémaco y de sus servidores fieles, Odiseo mata a los pretendientes y recupera el control del palacio.

Penélope se resiste a aceptar inmediatamente que aquel hombre sea su esposo. Para comprobarlo, ordena que saquen de la habitación el lecho matrimonial. Odiseo protesta porque sabe que es imposible moverlo: él mismo lo construyó alrededor del tronco de un olivo todavía arraigado en la tierra. El conocimiento de este secreto compartido permite finalmente el reconocimiento.

Mucho más que una historia de aventuras

Detrás de los monstruos y prodigios, La Odisea se construye alrededor del nóstos, el regreso al hogar. El objetivo de Odiseo no es conquistar nuevos territorios ni alcanzar la gloria en otra guerra; él quiere recuperar su casa, su familia y la posición que ocupaba antes de partir. Sin embargo, tanto él como Ítaca han cambiado durante los últimos veinte años.

La hospitalidad constituye otro de los principios esenciales del poema. Acoger y proteger al extranjero era una obligación amparada por Zeus. Los feacios respetan esta norma al recibir a Odiseo y ayudarlo a regresar, mientras que Polifemo la vulnera al devorar a sus huéspedes. Los pretendientes también quebrantan este orden al abusar de la casa que los acoge.

Frente a la fuerza física típica de los héroes, Odiseo sobrevive principalmente gracias a su metis, una inteligencia basada en la astucia, la adaptación y el dominio de la palabra. No es, sin embargo, un personaje intachable: miente, oculta su identidad y su orgullo provoca la ira de Poseidón al revelar su nombre a Polifemo. Esa combinación de resistencia, ingenio y contradicciones ha permitido que el héroe conserve su complejidad.

Christopher Nolan emprende su propia odisea

El regreso de Odiseo ha llegado nuevamente a la gran pantalla de la mano de Chistopher Nolan. La Odisea está escrita y dirigida por el cineasta británico y tiene como protagonistas a Matt Damon como el rey de Ítaca, Anne Hathaway a Penélope y Tom Holland a Telémaco, mientras que el extenso reparto incluye a Zendaya, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o y Charlize Theron.

Universal Pictures ha presentado la producción como una epopeya de acción mítica rodada en distintas partes del mundo. La película fue filmada íntegramente con cámaras de película IMAX, un formato con el que Nolan busca trasladar a la pantalla la monumentalidad de la guerra de Troya, los peligros del viaje marítimo y las criaturas del imaginario homérico.

El poema ofrece, además, numerosos elementos próximos a las preocupaciones que recorren la filmografía del director: una narración que altera el orden cronológico, un protagonista marcado por su pasado y una historia construida alrededor del tiempo, la memoria y la incertidumbre sobre la identidad. La nueva adaptación se incorpora a una prolongada tradición de relecturas que ha mantenido vivo el relato desde la antigüedad. Los rostros y escenarios, obviamente, cambian, pero permanece la misma aspiración que guía a Odiseo a través del mar: regresar a Ítaca y recuperar aquello que dejó atrás.