miércoles, marzo 4, 2026
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La memoria que resiste: arte venezolano y diáspora en La Neomudéjar

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Hasta el 27 de abril, el Museo La Neomudéjar presenta 30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita, una exposición que aterriza por primera vez en España tras su paso por Miami. Lo que el visitante encuentra es una historia contada desde el desplazamiento, la resistencia y la necesidad de no olvidar

Impulsada por Arts Connection Foundation, la muestra reúne más de 130 piezas de 68 artistas y gira en torno a cómo el arte puede convertirse en refugio cuando el contexto político empuja al exilio. En este caso, la diáspora venezolana atraviesa buena parte del relato, pero lo hace desde una perspectiva amplia, conectada con debates globales sobre identidad, memoria y pertenencia.

La colección nace del trabajo de la artista y coleccionista Andreina Fuentes Angarita, quien ha construido a lo largo de tres décadas un archivo singular. Su proyecto ha consistido en acompañar procesos: apoyar a creadores desplazados, preservar piezas que difícilmente podían exhibirse en su país de origen y sostener una red de colaboración en momentos de incertidumbre. La colección, en este sentido, se compone como una trama de historias compartidas.

El recorrido expositivo se organiza como una conversación entre formatos y generaciones que conviven en un espacio que invita a detenerse. Resulta especialmente relevante la atención prestada al registro de acciones y a las prácticas audiovisuales, tradicionalmente frágiles en términos de conservación. Al resguardarlas, la colección actúa como archivo vivo de formas de disidencia que encontraron en el cuerpo y en la imagen en movimiento un lenguaje propio.

Uno de los hilos conductores de la muestra es la idea de identidad en tránsito. Las obras hablan de fronteras físicas y simbólicas, de cuerpos que negocian su lugar en contextos hostiles y de memorias que se rehacen lejos del territorio de origen. Desde miradas que incorporan perspectivas queer y críticas, el conjunto propone pensar la pertenencia como un proceso en constante transformación.

La figura de Fuentes Angarita atraviesa todo el proyecto. Ella misma se define como “mecenas-artista”, una posición híbrida que cuestiona los límites tradicionales entre creación, gestión y coleccionismo. Su apuesta por el artivismo (la práctica artística comprometida con la intervención social) marca el tono de la colección. Aquí el arte no se entiende como objeto decorativo ni como inversión, sino como herramienta para interpelar el poder y abrir preguntas.

La presencia de 68 artistas refuerza esa dimensión coral. No hay jerarquías evidentes ni un relato cerrado, sino una polifonía de voces que dialogan sobre exilio, censura, memoria y futuro. El resultado es una exposición que exige tiempo y escucha, pero que también ofrece momentos de belleza e ironía, recordando que la crítica puede ser incisiva sin renunciar a la potencia estética.

En paralelo, la fundación proyecta su mirada hacia el futuro con su participación en la próxima edición de ARCO Madrid, donde apoyará el XX New Art Award (Premio ARCO/BEEP de Arte Electrónico). Esa doble dirección resume bien el espíritu del proyecto: preservar la memoria sin dejar de imaginar lo que está por venir.

En tiempos marcados por la migración y la incertidumbre política, 30 años de irreverencia y visión recuerda que el arte puede ser un espacio de resistencia. Un lugar donde las historias desplazadas encuentran cobijo y donde el pasado se transforma en impulso para pensar otros futuros posibles.