La primera exposición individual de la artista polaca en un museo reúne una veintena de pinturas que cuestionan los modelos tradicionales de representación de las mujeres en la pintura europea

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica una exposición monográfica a Ewa Juszkiewicz, artista polaca conocida por sus particulares reinterpretaciones del retrato femenino histórico. La muestra, abierta hasta el próximo 6 de septiembre, reúne una veintena de pinturas y constituye la primera representación individual de la creadora en un museo. La propuesta forma parte del programa dedicado a la colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza y está comisariada por Guillermo Solana en estrecha colaboración con la propia artista.
Juszkiewicz nació en Gdańsk en 1984, y ha desarrollado una obra que parte de la tradición pictórica europea para revisar la manera en la que las mujeres han sido representadas a lo largo de la historia. Sus pinturas recuperan motivos visuales propios de los retratos clásicos, pero introduciendo modificaciones que alteran por completo la lectura de las imágenes y cuestionan los cánones asociados a la belleza y la feminidad.
Uno de los elementos más característicos de su trabajo es la desaparición del rostro. Allí donde el retrato tradicional situaba uno de sus principales focos de atención, Juszkiewicz coloca complejos conjuntos de telas, frutas, vegetación o elaborados peinados que impiden identificar a las protagonistas. La artista combina, así, una técnica pictórica refinada, con enormes referencias a la pintura histórica, pero deconstruidas y reimaginadas mediante intervenciones de carácter subversivo y una sensibilidad vinculada al surrealismo.
Esta alteración permite a Juszkiewicz reflexionar sobre la construcción de la feminidad dentro de la tradición artística europea. Hasta hace muy poco, las mujeres representadas en la pintura estuvieron condicionadas por fuertes ideales de belleza y decoro. Al ocultar sus rostros y transformar sus cuerpos e identidades, la artista deconstruye esas imágenes y las traslada al presente, evitando además que las figuras puedan quedar sometidas a una única interpretación.
La exposición madrileña permite acercarse a una creadora cuya obra ha estado presente anteriormente en instituciones internacionales como el Brooklyn Museum de Nueva York, el Centre Pompidou-Metz, el Musée d’Art Moderne de París, el Museo Picasso Málaga o el Museo Nacional de China, en Pekín. Sus trabajos forman parte también de las colecciones de instituciones como el Albertina Museum de Viena, el Long Museum de Shanghái y el Museum of Contemporary Art de San Diego.
La muestra puede visitarse en las salas Postpop, situadas en la primera planta del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Con ella, el museo propone un diálogo entre la tradición del retrato y una mirada contemporánea que cuestiona las convenciones mediante las que durante siglos se construyó visualmente la imagen de las mujeres.