viernes, marzo 1, 2024
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Esplendor y elegancia: La moda en Europa en el siglo XVIII

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El siglo XVIII fue una época de profundos cambios en todos los aspectos de la vida, reflejados en la moda. Conocido como el “Siglo de las Luces”, este periodo trajo consigo una revolución en la forma de vestir y percibirse a uno mismo. La moda no solo era una expresión de la identidad individual, sino también un marcador distintivo de estatus social y un medio para hacer declaraciones audaces e incluso políticas.

En este artículo, nos aventuraremos en el apasionante mundo de la moda dieciochesca europea. Exploraremos cómo la indumentaria se convirtió en un medio para comunicar ideas, estatus y aspiraciones personales. Desde los elaborados trajes de la corte francesa hasta la influencia de las filosofías ilustradas, descubriremos cómo la moda se convirtió en un reflejo del espíritu de la época. Además, examinaremos las diferencias regionales, desde los exuberantes vestidos rococó en la corte de Versalles hasta la sobriedad de la indumentaria británica.

Antecedentes: Luis XIV y la corte de Versalles, modelo para toda Europa

Uno de los grandes objetivos del monarca francés Luis XIV (r. 1643-1715) fue colocar a Francia en el epicentro de Europa, no solo a nivel política, sino también en cuestiones de gusto.

Y así lo hizo: fue tal el esplendor de la corte versallesca que tuvo muchísima influencia en las grandes figuras europeas. El Rey Sol obtuvo el poder absoluto en el campo del estilo y la moda, hasta tal punto que todo lo que hiciese el monarca tenía una implicación directa en ciertos aspectos de la vida francesa.

Vestidos largos y suntuosos, llenos de encaje y adornos, bordados con plata y oro, con grandes y majestuosas pelucas, sombreros decorados con plumas… Esta moda tuvo tal impacto que se considerará la base del gusto del siglo XVIII.

El lujo deslumbrante: Moda en la Francia del siglo XVIII

La moda a principios de siglo: El cambio de corte

La base de la moda francesa del siglo XVIII parte de los últimos veinte años del siglo anterior. Con la mentalidad de cambio de la corte fruto de la avanzada edad del monarca, se produjeron cambios. Los tejidos seguían siendo de gran riqueza, pero adaptados a un nuevo ideal de decoro y tenue, cuyo efecto era de dignidad y seriedad.

Los peinados de las damas aumentaron en altura, y entre los hombres se puso de moda la peluca à crinière o la peluca in-folio, consistente en una gran masa de rizos que caía por debajo de los hombros. Al ser incómoda, esta peluca se fue simplificando a lo largo de los años.

Con la muerte de Luis XIV en 1715 comenzó un periodo de Regencia, marcado por la reacción contra la moda impuesta por el Rey Sol. Los vestidos de las damas se hicieron más sueltos, denominados sacos (sack o sacque), vestimenta cómoda y sin definición en la forma, con pliegues en la espalda. También estuvo de moda el tontillo, faldellín con aros de ballenas o varillas de mimbre que ahuecaba la falda hacia los lados.

Los vestidos tenían una abertura en la parte delantera de la falda y del cuerpo, cubierta de otra pieza de tela diferente. Las mangas terminaban por debajo del codo con grandes volantes, y usaban un pañuelo o neckerchief doblado y enrollado en el cuello.

En cuanto a la vestimenta de hombres, se componía de casaca, chaleco y calzones. La casaca se ajustaba en la cintura. Los puños de las mangas, a medida que avanzaba el siglo, fueron disminuyendo. Debajo de la casaca llevaban el chaleco, a veces muy bordado. Finalmente, los calzones se llevaban hasta la rodilla, ajustados en la cadera y un poco anchos. También fueron comunes el stock, una pieza de tela en el cuello acompañada por una corbata, y el sombrero de tres picos.

La moda a partir de la segunda mitad del siglo XVIII: La influencia inglesa

A partir de 1760 se denota un cambio en la moda, destacando los trajes de campo ingleses, en busca de lo simple y práctico. Las casacas, ahora simplificadas, pasan a llamarse chaquetas, con puños más estrechos. El sombrero de tres picos empezó a sustituirse por un sombrero de ala estrecha y copa alta, anticipando la línea que seguiría a lo largo del siglo XIX.

Sin embargo, en los 70’s, se pusieron de moda los macaronis como reacción contra esta nueva moda, destacando por sus grandes pelucas, muy rizadas, sobresaliendo por encima de la cabeza, y decorándose con elementos fantásticos (barcos, molinos de viento, flores…) o con un sombrero.

El vestido también cambió en estos años, ahuecando el cuerpo y con bastante escote cubierto por un pañuelo. Se comenzó a complementar con un chaleco o una chaqueta de montar.

La Revolución Francesa y su impacto en la moda a finales de siglo

A partir de 1789, con la Revolución Francesa, el vestido hasta ahora visto fue abolido, pasando a la “búsqueda de la naturaleza”, siguiendo los ideales de la Ilustración.

En el traje masculino comenzó a usarse el traje inglés de campo, simple y cómodo, pero una versión exagerada de estos: chaqueta con una cola muy larga, botas de gran tamaño, chalecos muy cortos, cuellos muy altos por la parte trasera y pañuelos muy voluminosos. El uso de peluca se sustituyó por un cabello desordenado, a veces peinado por encima de la frente.

Los vestidos femeninos rompieron más rotundamente con el pasado. Comenzó a usarse el “vestido camisa” o “vestido imperio”, de cintura muy alta y adherido al cuerpo, con sandalias sin tacón y peinados muy simplificados, pero con un tocado de plumas. Al ser una tela muy fina, los bolsillos pasaron a ser inútiles, dando paso a la aparición de pequeños bolsos de mano.

La moda en el cambio de siglo: Napoleón

Bajo el poder de Napoleón, comenzó a llevarse una versión más elegante y ajustada del traje de campo, con un sombrero alto, pañuelo menos exagerado, chaqueta con solapa y cuello más bajo y separado en el centro, un chaleco un poco más largo, calzones con faldilla cuadrada y metidos en las botas, o con zapatillas y medias.

La moda en el resto de Europa: Siguiendo los pasos de Francia

Los modelos de vestimenta franceses presentaron muy poca variación en el resto de Europa. Desde el siglo XVII la cultura occidental apenas había cambiado, por ello hay muy pocas diferencias en la indumentaria entre los diferentes países del continente.

Por ejemplo, Centroeuropa siguió los pasos de Francia. No obstante, este proceso llevó un tiempo, y a medida que en Francia pasaban de moda algunos estilos, en Alemania aún se seguían llevando.

En Inglaterra se buscaban la comodidad y sencillez. Las clases altas inglesas preferían trabajar en el campo, para lo que necesitaban vestir de una manera más sencilla, eliminando todo tipo de bordados y volantes, sustituyendo las medias por botas altas, y el sombrero de tres picos por una chistera más rudimentaria.

Glamour y tradición: La moda Española en el siglo XVIII

Con la llegada al trono de los Borbones en 1701 se produce un cambio en la manera de vestir. Ya en los años anteriores hubo intentos de vestir a la francesa, pero hasta la llegada de Felipe V (r. 1701-1746) no se instauró oficialmente el vestido francés o militar.

El vestido masculino se componía de casaca, chupa y calzón, antecedente de la chaqueta, chaleco y pantalón, respectivamente. También vestían una camisa de cuello y manga larga y encima la camisola sin cuello, y medias.

La chupa era una chaqueta larga, a principios de siglo llegaba casi hasta las rodillas y tapando el calzón casi entero. Los calzones eran anchos y flojos por arriba, y llegaban hasta debajo de las rodillas. La casaca era una chaqueta con cuello de caja que llegaba a las rodillas, con mangas largas y la espalda abierta en la parte inferior para facilitar montar a caballo.

Los hombres portaban grandes pelucas, muy elevadas a principios de siglo y con una marcada raya en el medio. En estos años también destacaban los sombreros y las corbatas, que posteriormente se sustituyó por el corbatín, una tira de tela fina plegada que tapaba el cuello de la camisa.

A medida que avanzó el siglo, se produjeron cambios en la indumentaria masculina. Los delanteros de las casacas cada vez más abiertos, las chupas más cortas, los calzones más pegados, las mangas más largas y estrechas, y pelucas recogidas atrás en una coleta. A partir de los 70’s, empezó a notarse la influencia inglesa, siendo esta cómoda y práctica, con trajes de paño oscuros y sin bordados.

Las mujeres, por su parte, llevaban camisa larga hasta debajo de las rodillas y con mangas, enaguas hasta los tobillos y una cotillo o cuerpo con ballenas o cañas, sin mangas y adaptadas a la cintura. También llevaban tontillo para ahuecar la falda en los costados.

En la primera mitad del siglo, en España gustaban los vestidos compuestos por dos piezas: la parte superior o casaca, y la falda. La casaca era similar a la masculina, diferenciadas en que la femenina se cortaba en la zona de las caderas, y se abrían en la cintura en forma de V, cuyo espacio se decoraba ricamente.

Las mujeres llevaban rizos apretados y un adorno a un lado de la cabeza. En la zona del escote lucían el volante de encaje de la camisa interior, al igual que debajo de las mangas. Los tonos de las telas eran coloridos, más suaves y matizados, destacando los tonos pastel.

A mediados de siglo, se pone de moda el vestido à la française. Este era un vestido largo, abierto por delante y cerrado en la cintura, dejando ver una falda interior de cintura para abajo, con pliegues desde el escote hasta el final de la cola, y con volantes en los frentes delanteros y finales de la manga.

A partir de los 70’s cambian los peinados, siendo el rizo cada vez más grande y con adornos para hacerlos más grandes.

Finales de siglo: La figura de los majos

La nueva moda de los majos consistía en el gusto de las clases altas por vestir como los habitantes del pueblo de Madrid.

Los hombres vestían como el resto de los vestidos populares españoles, muy coloridos. Llevaban el cabello recogido y grandes patillas y usaban un pañuelo que dejaba ver el cuello de la camisa. Vestían chaquetilla corta con la bocamanga y las mangas decoradas, chaleco, calzón, y una faja de colores en la cintura.

Las mujeres llevaban una cofia en la cabeza, un jubón con decoración, un pañuelo para cubrir el escote, una falda que llegaba a los tobillos, y un delantal largo.

También fue importante el “vestido nacional” para mujeres, consistiendo este en una falda negra o basquiña, y se cubrían la cabeza y hombros con una mantilla negra o blanca. Usaban este atuendo para ir a la calle o iglesia.

La influencia de la Corte de Luis XIV en la moda europea del siglo XVIII: Afrancesando el continente y forjando una estética duradera

Para comprender la moda europea del siglo XVIII, es importante tener en cuenta la influencia de la corte de Luis XIV. Parece increíble pensar que todo partió del objetivo del monarca de “afrancesar” Europa y consiguiéndolo con tal éxito que, incluso tras su muerte, se seguiría viendo esa influencia.

También es destacable que en Europa siempre se ha seguido una estética de la moda muy parecida, partiendo de la influencia de una gran potencia (en este caso, Francia) para inspirar al resto del continente. Los únicos cambios drásticos no llegaron hasta la Revolución Francesa y el inicio de la Edad Contemporánea.