Un hallazgo arqueológico en el noroeste de Yucatán revela depósitos rituales asociados a la fertilidad y al inframundo, aportando nuevas claves sobre las creencias y la organización de las primeras comunidades mayas

Un reciente hallazgo arqueológico en el estado mexicano de Yucatán ha arrojado nueva luz sobre las prácticas rituales y la organización social de las antiguas comunidades mayas. El descubrimiento, confirmado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), consiste en un depósito ritual con ofrendas fundacionales que datan de hace aproximadamente 3.000 años, situadas en la localidad de Yaxché de Peón, en el municipio de Ucú.
El hallazgo se produjo el pasado 21 de enero en el marco de las excavaciones del Proyecto de Salvamento Arqueológico vinculado al Tren Maya, una iniciativa que busca documentar y preservar vestigios históricos en las zonas afectadas por la construcción ferroviaria. Los trabajos, iniciados en junio de 2025, están dirigidos por especialistas del INAH y continuarán previsiblemente hasta mediados de 2026.
El equipo, encabezado por el arqueólogo Manuel Pérez Rivas, identificó una estructura rectangular a la que se ha llamado Monumento TC_17294, de unos 14 metros de largo por 10,8 de ancho y apenas 45 centímetros de altura. Las características arquitectónicas (sin edificaciones superiores y con accesos desde todos sus lados) sugieren que se trataba de un espacio semipúblico, posiblemente destinado a reuniones comunitarias o ceremonias colectivas.
Bajo esta plataforma, los arqueólogos localizaron dos depósitos rituales que habrían sido colocados antes de su construcción, lo que indica que el lugar fue previamente consagrado. En el primero de ellos se halló una vasija fragmentada con forma de calabaza, enterrada a más de un metro de profundidad. Este elemento posee un fuerte simbolismo en la cosmovisión mesoamericana, donde se asocia con la fertilidad y el sustento, lo que apunta a una sociedad con base agrícola.
El segundo contexto incluyó restos óseos (posiblemente de venado), fragmentos cerámicos y un caracol marino, elementos que refuerzan el carácter simbólico del conjunto. En la cultura maya, el venado estaba vinculado al bienestar y a la relación entre humanos y naturaleza, mientras que el uso de cavidades en la roca para depositar ofrendas sugiere una conexión ritual con el inframundo, una dimensión central en su pensamiento religioso.
Los investigadores consideran que este tipo de prácticas rituales tenían un significado tanto religioso como social, ya que contribuían a legitimar la ocupación del espacio y a reforzar la cohesión comunitaria. Según las autoridades culturales mexicanas, el hallazgo proporciona nuevas claves para comprender cómo las primeras comunidades mayas estructuraban sus asentamientos y articulaban sus creencias en torno a la fertilidad, el sustento y el origen de la vida colectiva.
Este descubrimiento se suma a otros hallazgos en la península de Yucatán que evidencian la importancia de los rituales fundacionales en la cultura maya, donde la arquitectura, la naturaleza y lo sagrado se entrelazaban profundamente.