Un equipo internacional de arqueólogos ha identificado en Petra un tramo de tubería de plomo de unos 116 metros integrado en el acueducto de ‘Ain Braq, un hallazgo que arroja nueva luz sobre la sofisticada ingeniería hidráulica que permitió a la ciudad nabatea prosperar en pleno desierto

En la antigua ciudad de Petra (actual Jordania), un equipo de arqueólogos ha hallado un tramo de tubería de plomo de más de 116 metros de longitud en el acueducto de ‘Ain Braq, un descubrimiento que está cambiando las ideas sobre cómo los nabateos gestionaban el agua en un entorno desértico. El hallazgo aparece documentado en un estudio publicado recientemente en la revista Levant: The Journal of the Council for British Research in the Levant por Niklas Jungmann, de la Humboldt-Universität zu Berlin, y supone una evidencia directa de soluciones técnicas que hasta ahora se asociaban más directamente a contextos romanos.
Petra fue la capital del Reino nabateo, un importante centro comercial entre los siglos IV a. C. y II d. C. aproximadamente, rodeado por un paisaje semiárido con escasas fuentes naturales de agua. Para sostener su crecimiento urbano (que incluía baños, jardines ornamentales, templos y complejos públicos), la ciudad desarrolló una impresionante red de gestión hídrica que combinaba cisternas, reservorios, canales tallados en roca y acueductos. Pero hasta ahora se pensaba que las conducciones principales consistían en sistemas basados en tuberías de terracota y canales abiertos, por lo que este hallazgo introduce un elemento tecnológico hasta ahora poco conocido en el sistema hidráulico nabateo.
La investigación, realizada en 2023 dentro del Urban Development of Ancient Petra Project (UrDAP), se centró en una superficie de unos 2.500 m² del macizo de Jabal al-Madhbah, donde aún se conservan partes del acueducto. Allí se identificaron nueve conducciones separadas, un gran embalse sellado con un muro de contención, dos cisternas y siete balsas o depósitos de diversos tamaños. Y entre estos elementos, los arqueólogos localizaron el tramo de tubería de plomo continua de unos 116 metros, un componente inusual en sistemas hidráulicos antiguos fuera de los interiores arquitectónicos romanos.
A diferencia de las tuberías de terracota (fragmentadas y basadas en la gravedad), el conducto de plomo está formado por secciones soldadas capaces de soportar presión y cambios de nivel, lo que sugiere que fue pensado para transportar agua a zonas más elevadas, probablemente hacia el cerro de az-Zantur, un lugar estratégico desde donde luego se distribuía al resto de la ciudad. Este uso de tuberías soldadas apunta no solo a una tecnología avanzada, sino también a una importante inversión de recursos, ya que la fabricación y mantenimiento de tuberías de plomo implicaban mayor coste y habilidad.
El estudio indica que el sistema del acueducto operó en al menos dos fases: una temprana con el conducto de plomo de unos 116 metros, capaz de manejar presión y cruzar terrenos accidentados; y una etapa posterior con canales abiertos y tuberías de terracota. Jungmann sostiene que el acueducto, incluida esta tubería, fuer construido durante el reinado del rey Aretas IV, para suministrar agua al Gran Templo y a los Complejos de Jardines y Piscinas. Con el tiempo, según los investigadores, el sistema sería sellado y reemplazado por tuberías de terracota y canales abiertos, más fáciles de mantener y económicos.