Las excavaciones en el Gimnasio Real de la antigua Mieza, en el norte de Grecia, han sacado a la luz aulas con bancos de piedra, espacios para banquetes y nuevos restos arquitectónicos de un monumental complejo del siglo IV a. C.

Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en la antigua ciudad de Mieza, en el norte de Grecia, han aportado nuevas evidencias sobre el lugar en el que Aristóteles pudo haber enseñado al joven Alejandro Magno y a otros miembros de la élite macedonia. Los trabajos se concentran en el Gimnasio Real, un monumental complejo construido a mediados del siglo IV a. C., durante el reinado de Filipo II, cuya identificación con la famosa escuela del filósofo se ha visto reforzada por los últimos hallazgos.
La investigación arqueológica comenzó en 2024 bajo la dirección de Angeliki Kottaridi, arqueóloga y antigua responsable de la Eforía de Antigüedades de Imathia, en el marco de un convenio programático entre el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Naousa. El complejo ocupa alrededor de tres hectáreas y las excavaciones han permitido identificar diferentes espacios relacionados con la formación de los jóvenes macedonios, entre ellos, una palestra, parte de un estadio, pórticos y salas destinadas a la enseñanza.
Uno de los elementos más destacados es un xystos, un largo pórtico cubierto de aproximadamente 200 metros utilizado para el ejercicio físico. Los arqueólogos han recuperado también cerámicas, monedas, elementos arquitectónicos y cuatro estiletes, instrumentos empleados para escribir sobre tablillas de cera.
Durante la campaña de 2026, los trabajos se han concentrado especialmente en la zona oriental del conjunto formado por la palestra y el denominado “Didaskaleion” o espacio de enseñanza. Allí se han identificado salas de conferencias dotadas de bancos de piedra, además de un gran conjunto tripartito de más de 160 metros cuadrados compuesto por un vestíbulo central y dos andrones, espacios destinados a la celebración de banquetes.
Ambas salas conservan suelos de mosaico y plataformas elevadas para colocar los lechos utilizados por los comensales. Cada una podía albergar diez de estos lechos, y, por tanto, al menos una veintena de participantes. La calidad y la técnica de los pavimentos presentan, además, importantes semejanzas con los documentados en el palacio real de Egas.
La relación entre Aristóteles y Alejandro Magno se remonta aproximadamente al año 343 a.C., cuando Filipo II de Macedonia confió al filósofo la educación de su hijo, de unos trece años por aquel entonces. La principal fuente antigua sobre este episodio es Plutarco, que relata en su Vida de Alejandro que el rey destinó para la formación del príncipe un recinto dedicado a las ninfas próximo a Mieza. El autor, que escribió varios siglos después los acontecimientos, asegura incluso que en su época todavía podían contemplarse allí los asientos de piedra y los paseos tradicionales asociados al filósofo. Según su relato, las enseñanzas habrían incluido cuestiones sobre ética y política, además de materias reservadas a una formación filosófica más profunda.
El Ministerio de Cultura de Grecia señala que los nuevos datos arqueológicos refuerzan esta identificación. Aunque los hallazgos no permiten relacionar directamente ningún objeto con Aristóteles o Alejandro, sí están permitiendo reconstruir con mayor precisión la arquitectura y las funciones del complejo en el que se habría formado el futuro rey de Macedonia junto a otros jóvenes de la corte.