viernes, agosto 21, 2026
InicioActualidadUn perro momificado revela nuevas claves sobre la reutilización de una tumba...

Un perro momificado revela nuevas claves sobre la reutilización de una tumba egipcia

-

El análisis de la Tumba Tebana 209 documenta la transformación de un espacio funerario reutilizado durante siglos y la singular presencia de un cánido entre los enterramientos humanos

Una investigación realizada en la Tumba Tebana 209 (TT 209), en la necrópolis occidental de Luxor, ha permitido reconstruir cómo un mismo espacio funerario fue utilizado y transformado a lo largo de los siglos. Entre los restos estudiados destaca un cánido momificado depositado sobre las piernas de dos individuos, una disposición poco habitual dentro de un conjunto de enterramientos que abarca desde la dinastía XXV hasta el periodo ptolemaico.

El estudio ha sido publicado en Frontiers in Environmental Archaeology y realizado por Jared Carballo-Pérez y Miguel Ángel Molinero Polo. Los investigadores han analizado mediante métodos arqueotanatológicos la denominada Cámara Lateral 3 de TT 209 con el objetivo de comprender la evolución de las prácticas funerarias y la forma en que fueron incorporándose nuevos enterramientos a un espacio ya ocupado.

La tumba fue construida durante el periodo kushita, probablemente en una fase temprana de la dinastía XXV, y perteneció originalmente a Nisemro, un alto funcionario de origen nubio activo en Tebas. Sin embargo, el monumento fue posteriormente reutilizado para albergar nuevos enterramientos.

En la cámara estudiada se documentaron numerosos cuerpos momificados y un depósito secundario con restos de varios individuos. Su disposición revela una transformación progresiva del espacio: mientras los enterramientos más antiguos estaban relativamente individualizados y asociados a ataúdes, posteriormente comenzaron a superponerse unos sobre otros. Los investigadores consideran que esta acumulación no debe entenderse simplemente como desorden, sino como el resultado de una nueva forma de organizar y reutilizar el espacio funerario.

Uno de los elementos más singulares es el individuo denominado M9, identificado como un cánido momificado y perteneciente a un depósito probablemente fechado en el periodo persa. El animal fue colocado sobre las extremidades inferiores de dos personas estrechamente superpuestas: una mujer de entre 25 y 35 años y un hombre de entre 35 y 45. Este último estaba acompañado por tres ushebtis de fayenza y una bolsa con ocre.

La disposición demuestra que el cánido fue integrado físicamente en el conjunto funerario, aunque no permite afirmar que fuera la mascota de estas personas. El estudio tampoco establece que desempeñara una función de protección o compañía, por lo que los investigadores mantienen abierta la interpretación de su presencia.

Más allá de este singular hallazgo, el análisis de TT 209 muestra que las tumbas tebanas podían ser reutilizadas y reorganizadas durante largos periodos de tiempo. La incorporación sucesiva de cuerpos, la reutilización de espacios y diferentes alteraciones naturales fueron transformando una cámara funeraria cuya historia se prolongó durante varios siglos.