jueves, julio 23, 2026
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10 piscinas naturales y cascadas para escapar del calor

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Cuando llega el calor las chicas se enamoran… pero también intentamos huir de las temperaturas infernales. ¿Y qué mejor lugar que un sitio con agua para refrescarse? El interior de España esconde numerosas piscinas naturales, pozas, gargantas y cascadas en las que el agua de ríos y manantiales crea espacios perfectos para disfrutar de un chapuzón rodeado de naturaleza. Algunas se encuentran al final de pequeños senderos entre montañas y bosques; otras han sido acondicionadas para facilitar el acceso y pasar el día en familia. Estos rincones ofrecen una alternativa refrescante para quienes buscan alejarse de las playas y descubrir los paisajes de interior.

Los Pilones, en la Garganta de los Infiernos

En el Valle del Jerte, dentro de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, se encuentran Los Pilones, una sucesión de trece piscinas naturales modeladas por la erosión del agua sobre la roca granítica. Estas pozas, conocidas también como marmitas de gigante, están comunicadas por pequeños saltos de agua, y constituyen uno de los rincones más populares de Extremadura para refrescarse durante el verano. Para llegar hasta ellas hay que recorrer una ruta lineal señalizada de unos tres kilómetros desde el acceso principal de la reserva. Aunque el itinerario no presenta una dificultad excesiva, conviene evitar las horas centrales del día, llevar agua y utilizar calzado adecuado, ya que las rocas próximas a las pozas pueden resultar resbaladizas.

Las Lagunas de Ruidera, entre Ciudad Real y Albacete

Repartido entre las provincias de Ciudad Real y Albacete, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera está formado por quince lagunas conectadas mediante barreras naturales, arroyos y cascadas. Sus aguas alternan tonalidades verdes y turquesas, creando uno de los paisajes acuáticos más singulares del interior peninsular. Durante el verano es posible bañarse en algunas de las zonas recreativas habilitadas, además de practicar actividades como el piragüismo o el buceo. Sin embargo, no todas las lagunas ni todos sus márgenes permiten el acceso al agua, por lo que es imprescindible respetar la señalización. Debido a la elevada afluencia estival, también conviene llegar temprano, estacionar únicamente en los lugares autorizados y evitar actividades que puedan deteriorar el espacio protegido.

La Pesquera de Beceite, en Teruel

En la comarca del Matarraña, el río Ulldemó ha excavado entre las rocas numerosas pozas naturales conocidas localmente como tolls. Este conjunto forma La Pesquera o Peixquera de Beceite, un espacio de aguas transparentes rodeado por pinares y por los relieves escarpados de los Puertos de Beceite. A lo largo del recorrido pueden encontrarse diferentes puntos en los que detenerse y darse un baño, aunque el caudal y el aspecto de las pozas varían según las precipitaciones. Para evitar la masificación, durante este verano el acceso de vehículos está regulado entre el 20 de junio y el 31 de agosto. Es necesario adquirir previamente el ticket de aparcamiento y escoger un turno de mañana o de tarde, por lo que conviene planear la visita con antelación.

Las Fuentes del Algar, en Alicante

A unos tres kilómetros de Callosa d’en Sarrià se encuentran las Fuentes del Algar, un paraje protegido en el que el río Algar discurre entre cascadas, manantiales y numerosos tolls, es decir, los remansos de agua donde es posible bañarse. Un recorrido de aproximadamente 1,5 kilómetros permite contemplar el modelado que el agua ha producido sobre la roca caliza y acceder a distintas piscinas naturales, entre las que destaca el Toll de la Caldera, situado junto a la cascada principal. A diferencia de otros espacios más silvestres, el recinto cuenta con pasarelas, aseos, zona de picnic y servicio de socorrismo durante parte de la temporada. La entrada es de pago y el aforo es limitado, por lo que en verano es recomendable adquirirla con antelación y consultar los horarios.

La Olla de San Vicente, en Asturias

En la zona oriental asturiana, cerca de Cangas de Onís, el río Dobra forma una gran poza de aguas verdes y transparentes conocida como la Olla de San Vicente. Para llegar hasta ella hay que seguir una ruta lineal que comienza en las proximidades de Tornín y recorre la ribera del río entre bosques, pequeñas cascadas y otras pozas. El itinerario completo ronda los cinco kilómetros entre ida y vuelta y presenta escaso desnivel, aunque algunos tramos discurren por rocas húmedas y senderos estrechos. Al final aparece esta piscina natural, que alcanza una profundidad considerable en algunos puntos y ofrece un baño especialmente frío incluso durante el verano. La zona carece de servicios y de vigilancia, por lo que hay que extremar la precaución y recoger los residuos.

Las Caldeiras do Castro, en A Coruña

En la Costa da Morte, el río Castro marca el límite entre los municipios de Muxía y Dumbría mientras desciende entre rocas y vegetación. La erosión ha creado aquí una sucesión de pequeñas piscinas naturales cuyas formas recuerdan a ollas o calderos, origen del nombre. El paraje está presidido por una cascada que salva un desnivel de unos ocho metros y puede contemplarse desde un mirador situado en la parte superior. También existe una escalera de madera que permite bajar hasta las pozas y bañarse durante los días más calurosos. El acceso se realiza desde el área recreativa de O Castro, donde puede dejarse el vehículo para completar a pie el último tramo. Como las piedras están húmedas y resbaladizas, conviene caminar con precaución y evitar acercarse a la caída cuando el río lleve demasiado caudal.

Los siete gorgs del Torrent de la Cabana, en Girona

Cerca de Campdevànol, en la comarca gerundense del Ripollès, el Torrent de la Cabana forma una sucesión de siete pozas o gorgs unidas por pequeños saltos de agua. La ruta circular que permite conocerlas recorre unos ocho kilómetros y necesita alrededor de tres horas, por lo que en este caso el chapuzón llega acompañado de una excursión algo más larga. Entre las paradas aparecen el Gorg de la Cabana, el de la Tosca, el de l’Olla y el del Colomer, rodeados por un paisaje boscoso de montaña. Para acceder al itinerario es obligatorio realizar una reserva previa. También está prohibido saltar desde las rocas y hacer picnic fuera del área de la Font del Querol, mientras que el ayuntamiento pide seguir el sendero oficial para proteger el entorno y garantizar la seguridad, unas medidas destinadas a reducir el impacto provocado por la elevada afluencia de visitantes.

Las Presillas de Rascafría, en Madrid

En el Valle de El Paular, rodeada por las montañas de la sierra de Guadarrama, el área de Las Presillas ofrece tres piscinas naturales formadas en el cauce del río Lozoya. Sus aguas frías y poco profundas están acompañadas por amplias praderas de césped, zonas arboladas y espacios donde extender la toalla, lo que convierte este enclave en una alternativa especialmente cómoda para pasar el día en familia. Las Presillas es una de las pocas zonas naturales de la Comunidad de Madrid en las que el baño está oficialmente autorizado y la calidad del agua se controla durante la temporada estival. El acceso a pie es gratuito, aunque el estacionamiento es de pago y puede llenarse en las jornadas de mayor afluencia. Fuera de estas tres pozas no está permitido bañarse en ningún otro tramo del río dentro del término municipal de Rascafría.

Las piscinas naturales de Navaluenga, en Ávila

A los pies de la sierra de Gredos, el río Alberche atraviesa la localidad abulense de Navaluenga y forma varias piscinas naturales antes de pasar bajo su histórico puente de piedra. La zona de baño se encuentra muy próxima al casco urbano y cuenta con amplias praderas, áreas arboladas, escaleras y barandillas que facilitan la entrada al agua. Estas instalaciones convierten el lugar en una opción cómoda para familias y para quienes prefieren disfrutar del río sin realizar previamente una ruta de senderismo. El acceso a las piscinas es gratuito, aunque durante los fines de semana estivales pueden recibir una elevada afluencia de visitantes. El fondo es pedregoso y tiene diferentes profundidades, por lo que se recomienda precaución, calzado acuático y evitar lanzarse al agua desde el puente o las rocas.

El Charco del Canalón, en Málaga

En el municipio malagueño de Istán, el río Verde forma varias pozas naturales entre adelfas, chopos, fresnos y sauces. La más conocida es el Charco del Canalón, un remanso rodeado por paredes rocosas en el que es posible refrescarse durante los meses de verano. Desde el casco urbano puede alcanzarse siguiendo el sendero señalizado PR-A 280, un itinerario lineal de dificultad media y unos 7,2 kilómetros por trayecto. El ayuntamiento calcula aproximadamente una hora y media para completar el recorrido, por lo que conviene disponer de tiempo suficiente e ir preparado para la caminata. El lugar no dispone de las instalaciones habituales en una zona de baño acondicionada, y algunas pozas alcanzan bastante profundidad; por ello, es necesario entrar con precaución, no saltar desde las rocas y evitar la visita cuando el río lleve un caudal elevado.

Antes de entrar en el agua

Bañarse en un río o poza natural requiere precauciones. Antes de salir conviene comprobar la previsión meteorológica, el estado del caudal y las posibles restricciones de acceso, ya que una tormenta, incendio o problema en la calidad del agua pueden provocar el cierre. Una vez allí, debe respetarse la señalización y evitar el baño en lugares no autorizados, especialmente cerca de presas, canales o centrales hidroeléctricas, donde el nivel del agua puede cambiar repentinamente.

También es importante utilizar calzado con buena adherencia, entrar lentamente para comprobar la temperatura y la profundidad y no saltar desde rocas, puentes o cascadas. Y los menores deben permanecer vigilados.

El cuidado del entorno resulta fundamental: no se deben abandonar residuos, utilizar jabones en el agua, arrancar plantas ni acceder con vehículos fuera de los caminos permitidos. Los ríos y las pozas son ecosistemas frágiles, no piscinas convencionales, y conservarlos depende, en buena medida, del comportamiento de quienes los visitan.