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La agitada historia de la Copa del Mundo

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 Cada cuatro años, las mejores selecciones de fútbol compiten por levantar uno de los trofeos más importantes y codiciados del deporte. La Copa del Mundo simboliza la victoria en el torneo futbolístico de mayor alcance internacional, pero su historia también está marcada por viajes, robos, desapariciones y numerosos cambios. De hecho, la copa que reciben actualmente los campeones no es la misma que se entregó en el primer Mundial, celebrado en Uruguay en 1930. Desde la primitiva Cope Jules Rimet hasta el diseño creado por el escultor italiano Silvio Gazzaniga en la década de los 70, dos trofeos diferentes han representado la gloria mundialista. Su evolución permite recorrer casi un siglo de fútbol y descubrir cómo una pequeña estatuilla se convirtió en un símbolo reconocido por todo el mundo. Así que, mientras esperamos a que llegue la ansiada final para conocer al Campeón del Mundo en 2026, el próximo domingo, exploremos un poco la historia de esta copa.

El nacimiento de la primera Copa del Mundo

La historia del trofeo comenzó en 1930, cuando Uruguay acogió la primera edición de la Copa Mundial organizada por FIFA. Para premiar al vencedor, Jules Rimet, presidente del organismo e importante impulsor del torneo, encargó la creación de una estatuilla al escultor francés Abel Lafleur. El artista representó a Niké, la diosa griega de la victoria, con los brazos elevados mientras sostenía una copa octogonal. La figura dorada se alzaba sobre una base de lapislázuli, en cuyos laterales se fueron incorporando placas con los nombres de las selecciones campeonas.

Jules Rimet transportó personalmente el trofeo hasta Sudamérica a bordo del Conte Verde, el barco en el que también viajaron varias de las delegaciones europeas participantes. Uruguay se convirtió en el primer campeón mundial después de derrotar a Argentina en la final, disputada el 30 de julio de 1930 en el Estadio Centenario de Montevideo.

La estatuilla fue conocida inicialmente como Copa del Mundo de Fútbol Asociación. Sin embargo, en 1946 la FIFA decidió rebautizarla como Copa Jules Rimet, en reconocimiento a quien había presidido la organización desde 1921 y desempeñado un papel decisivo en la creación y consolidación del campeonato. Aquel trofeo acompañaría al Mundial durante sus primeras cuatro décadas.

Una copa protegida durante la Segunda Guerra Mundial

Después de las ediciones celebradas en Italia en 1934 y Francia en 1938, la Segunda Guerra Mundial interrumpió la competición. Los campeonatos previstos para 1942 y 1946 no se celebraron, por lo que la Copa Jules Rimet permaneció durante esos años en manos de Italia, vencedora de los dos últimos torneos disputados.

Ante el temor de que el trofeo fuese confiscado durante la ocupación alemana, el dirigente deportivo italiano Ottorino Barassi decidió sacarlo en secreto del Banco de Roma donde se encontraba guardado. Según la historia recogida por la FIFA, Barassi lo escondió dentro de una caja de zapatos bajo su cama, un refugio sorprendentemente modesto para el premio más importante del fútbol internacional. De este modo, consiguió evitar que cayese en manos de las tropas nazis.

La copa sobrevivió a la contienda y reapareció cuando el Mundial pudo celebrarse nuevamente en 1950. Doce años después de la última edición, Brasil acogió el regreso del torneo, aunque fue Uruguay quien volvió a conquistar el trofeo tras imponerse al país anfitrión en el decisivo partido del Maracaná.

El robo de 1966 y el inesperado héroe llamado Pickles

En marzo de 1966, cuatro meses antes de que Inglaterra acogiera el Mundial, la Copa Jules Rimet fue cedida para su exhibición en Stampex, una muestra filatélica instalada en el Westminster Central Hall de Londres. La FIFA autorizó el préstamo con estrictas condiciones de seguridad: el trofeo debía permanecer dentro de una vitrina cerrada, contar con vigilancia permanente y estar asegurado por 30.000 libras. Sin embargo, el 20 de marzo desapareció mientras el edificio permanecía cerrado al público por la celebración de un oficio religioso.

El robo pronto adquirió tintes de novela policiaca. Joe Mears, presidente de la Federación Inglesa de Fútbol, recibió una carta en la que se exigían 15.000 libras a cambio de la copa. La policía preparó una entrega simulada y detuvo a Edward Betchley, quien aseguró que solo actuaba como intermediario. Fue condenado a dos años de prisión, pero la identidad del autor material nunca llegó a esclarecerse.

Una semana después, David Corbett paseaba por el sur de Londres con Pickles, su perro, cuando el animal comenzó a olfatear un paquete envuelto en periódicos y atado con una cuerda. Al abrirlo parcialmente, Corbett distinguió el nombre de algunos países campeones y comprendió que había encontrado el trofeo desaparecido.

Pickles se convirtió en una celebridad: recibió una recompensa, apareció en televisión, participó en una película y fue invitado, junto a su dueño, al banquete celebrado tras la final. El episodio tuvo, además, un desenlace perfecto para los anfitriones. Inglaterra conquistó aquel mundial y Bobby Moore pudo levantar la misma copa que había sido recuperada apenas cuatro meses atrás por un perro.

Brasil conquista la copa y el trofeo desaparece para siempre

Las normas establecían que la primera selección capaz de ganar tres veces el Mundial podría conservar de forma definitiva la Copa Jules Rimet. Brasil obtuvo ese privilegio en 1970, cuando conquistó en México su tercer campeonato después de los triunfos alcanzados en 1958 y 1962. El equipo capitaneado por Carlos Alberto y liderado por Pelé se impuso a Italia en la final, y el trofeo pasó a ser propiedad permanente de la Confederación Brasileña de Fútbol.

La copa fue expuesta en la sede de la institución, situada en Río de Janeiro, dentro de una vitrina protegida por un cristal antibalas. Sin embargo, la parte posterior del mueble era de madera. El 19 de diciembre de 1983, los ladrones accedieron al recinto, redujeron al vigilante y forzaron la vitrina para apoderarse del trofeo, que desapareció por segunda vez.

La policía detuvo a varios sospechosos y sostuvo que la copa había sido fundida para vender sus materiales. No obstante, dicha explicación nunca pudo demostrarse y existen dudas sobre ella, entre otras razones porque el trofeo no estaba fabricado en oro macizo. Desde entonces no se ha recuperado, y su paradero continúa siendo uno de los grandes misterios de la historia del fútbol.

Tras el robo, la Confederación Brasileña recibió una réplica, pero el objeto levantado por los campeones entre 1930 y 1970 se considera perdido. De la pieza histórica se conserva, no obstante, una parte de su base original, localizada años después entre los fondos de la FIFA.

La creación del trofeo actual

Después de estos acontecimientos, la FIFA se vio obligada a buscar un nuevo símbolo para el campeonato. El organismo convocó un concurso internacional al que se presentaron más de cincuenta propuestas. La elegida fue la del escultor italiano Silvio Gazzaniga, quien acompañó sus dibujos con la fotografía de un modelo físico que permitía apreciar claramente el resultado final.

El diseño representa a dos figuras humanas que surgen de la base y elevan el planeta sobre sus cabezas. Gazzaniga quiso plasmar el esfuerzo, el dinamismo y la alegría del deportista en el momento de alcanzar la victoria. La composición ascendente transmite movimiento y convierte a los cuerpos de atletas en el soporte del globo terráqueo, reflejando, así, el carácter mundial de la competición. La base incorpora dos bandas de malaquita, una piedra ornamental de color verde que el escultor relacionó con el terreno de juego.

 El trofeo está realizado en oro de 18 quilates, mide 36,8 cm de altura y pesa aproximadamente 6,2 kg. En su parte inferior se inscriben los nombres de las selecciones campeonas junto al año de cada victoria; se desconoce si el trofeo se retirará cuando se llenen todas las placas de los nombres de los vencedores (lo cual pasará en 2038).

La nueva copa fue entregada por primera vez en el Mundial de 1974. Alemania Federal, anfitriona de aquella edición, se convirtió en la primera selección que pudo levantarla tras derrotar a Países Bajos en la final en Múnich. Desde entonces, el diseño de Gazzaniga ha permanecido como uno de los símbolos deportivos más reconocibles del mundo.

¿Los campeones se llevan la copa a casa?

A diferencia de lo que sucedía con la Copa Jules Rimet, el trofeo actual es de la FIFA y ninguna selección puede conservarlo definitivamente, independientemente del número de veces que gane el Mundial. Al principio, el ganador se lo quedaba durante los cuatro años hasta el siguiente mundial; no obstante, desde 2006, ante el riesgo de daño o robo, el equipo campeón solo la sostiene durante la ceremonia de entrega y las celebraciones oficiales posteriores a la final.  

Después, la copa original regresa a manos de la FIFA. La federación vencedora recibe una reproducción que puede conservar de manera permanente. Aunque reproduce el diseño de Gazzaniga, no está realizada en oro macizo, sino en latón con un baño de oro. También incorpora una placa con el año y el nombre del campeón de la edición correspondiente.

El acceso a la pieza auténtica está sometida a estrictas restricciones. Según la FIFA, solamente puede ser tocada por un grupo limitado de personas, entre las que se encuentran los campeones mundiales, los jefes de Estado y determinados representantes del organismo. Cuando no participa en actos oficiales o en las giras organizadas antes de cada campeonato, el trofeo permanece bajo custodia de la FIFA en su sede en Zurich, Suiza.