Un hallazgo único descubierto en la VIII Campaña de excavaciones del yacimiento extremeño de Casas del Turuñuelo revela la intensa conexión de Tartessos con las grandes civilizaciones del Mediterráneo hace 2.500 años

El yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo, en la localidad pacense de Guareña, ha vuelto a situarse entre los descubrimientos arqueológicos más relevantes de los últimos años gracias al hallazgo de un excepcional carro votivo de bronce de unos 2.500 años de antigüedad. La pieza ha sido presentada por el Instituto de Arqueología de Mérida (CSIC-Junta de Extremadura), y constituye un hallazgo sin precedentes en la península ibérica, ya que aporta nuevas evidencias sobre las relaciones comerciales, culturales y religiosas que Tartessos mantuvo con otras civilizaciones del Mediterráneo durante la Edad del Hierro.
El objeto se trata de aproximadamente la mitad de un carro ceremonial y conserva dos ruedas y parte de la caja principal. Los únicos similares conocidos hasta la fecha pertenecen a la civilización etrusca, de Italia central, que tuvo su desarrollo entre los siglos VIII y V a.C. Fue fabricado en bronce mediante un complejo sistema de ensamblaje con elementos de hierro, y destaca su extraordinaria decoración. En sus laterales aparecen dos grifos, criaturas mitológicas habituales en el mundo oriental y griego; en la parte frontal aparece una divinidad fluvial identificada como Aqueloo, aunque presenta rasgos inéditos, como una lengua similar a la de las gorgonas; y en los extremos se sitúan dos figuras interpretadas como atlantes que sostienen la estructura. Según los investigadores, no se conocen paralelos de esta iconografía en el mundo antiguo.
Los arqueólogos consideran que el carro tuvo un uso ritual y no estaba destinado al transporte cotidiano. Su reducido tamaño y el contexto en el que ha aparecido apuntan a que pudo emplearse durante ceremonias religiosas, posiblemente para quemar resinas aromáticas o perfumes vinculados a rituales funerarios o de clausura. Precisamente de esta interpretación surge la imagen del “carro que perfumaba la muerte”, utilizada por algunos de los investigadores para describir la función que pudo desempeñar dentro del edificio tartésico.
La pieza fue localizada en una estancia relacionada con el gran ritual de abandono del edificio, un episodio que ya había convertido a Casas del Turuñuelo en uno de los enclaves arqueológicos más importantes para comprender la civilización tartésica. En campañas anteriores, el yacimiento ya había proporcionado hallazgos excepcionales, como los primeros relieves figurativos humanos de Tartessos, un sacrificio masivo de animales o un abecedario inscrito sobre una tablilla de pizarra.
El carro constituye una nueva prueba de la intensa red de intercambios que mantenía Tartessos con otras culturas mediterráneas. La técnica de fabricación, la iconografía y los materiales empleados muestran claras conexiones con otros territorios como Etruria, Grecia, Egipto o el Próximo Oriente. Para los investigadores, este hallazgo confirma que las élites tartésicas participaban en circuitos internacionales de intercambio de objetos de lujo y compartían influencias culturales y religiosas mucho más amplias de lo que tradicionalmente se había pensado.
Mientras continúan las labores de conservación y estudio de la pieza, el descubrimiento refuerza, una vez más, la relevancia internacional de Casas de Turuñuelo. Cada nueva campaña de excavación sigue aportando evidencias que transforman el conocimiento sobre Tartessos y consolidan al yacimiento extremeño como uno de los principales referentes para comprender la protohistoria de la península ibérica y sus vínculos con el resto del Mediterráneo.