La arqueología ha dado un giro trascendental con la nueva lectura de un artefacto de plata de 4.300 años, el cáliz de ˁAin Samiya, en Cisjordania, que podría ser la narración visual más antigua del origen del universo

Un artefacto de plata de 4.300 años de antigüedad, conocido como el Cáliz de ˁAin Samiya, ha revolucionado el campo de la arqueología tras una nueva interpretación que lo identifica como la narración visual más temprana del nacimiento del universo conocida hasta ahora. El recipiente, datado en la Edad del Bronce Intermedia (2650-1950 a. C.), fue hallado en la década de 1970 en una tumba cerca de ˁAin Samiya, en Cisjordania (Palestina), y su humilde apariencia original ocultaba un tesoro cosmológico de valor incalculable.
Tradicionalmente, los grabados en el cáliz habían sido descritos como una simple, pero interesante, decoración de figuras y animales. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por los investigadores Eberhard Zangger, Daniel Sarlo y Fabienne Haas Dantes ha reinterpretado las escenas, sugiriendo que representan un complejo mito de la creación. La copa de plata, un material sumamente raro y lujoso para el Levante de aquella época, subraya la importancia ritual o social de su contenido simbólico.
La reinterpretación se centra en las dos escenas grabadas que rodean el cáliz. Si bien la primera escena, que presenta una figura híbrida sosteniendo dos plantas y flanqueada por una gran serpiente y un símbolo solar, podrían simbolizar la vida terrestre, es la segunda escena la que contiene la clave cosmológica: representa a dos figuras humanas, vestidas con túnicas elaboradas, y la serpiente anterior, pero, en esta ocasión, en posición sumisa. Entre ambas figuras sujetan una forma creciente que sostiene un disco solar con rostro humano. Según los investigadores, esta escena detalla el ordenamiento inicial del cosmos, reflejando una cosmogonía organizada miles de años antes de que se formalizaran narrativas escritas como el Enuma Elish babilónico o los mitos egipcios.
El elemento central de la nueva lectura es lo que se ha denominado el «arca celestial». La escena muestra una barca que parece ritual, transportando lo que se interpretan como los cuerpos celestes: el Sol y, a veces, la Luna. Esta embarcación navega entre dos figuras que podrían representar los pilares del mundo o las montañas que marcan el borde del universo, sugiriendo un viaje cósmico de las deidades primordiales.

Esta perspectiva transforma el cáliz de un simple objeto funerario a un «mapa ritual» o la primera hoja de un compendio de creencias fundamentales. De ser correcta la interpretación, la copa de ˁAin Samiya es la prueba de que las comunidades de la región ya poseían relatos visuales complejos sobre el origen de la existencia, mucho antes de lo que se creía.
El descubrimiento obliga a reevaluar la cronología de la mitología de la creación en el Cercano Oriente. El análisis de este vaso de plata demuestra la sofisticación del pensamiento religioso y astronómico de los pueblos del Levante hace más de cuatro milenios, reescribiendo una parte esencial de la historia de cómo la humanidad comenzó a dar forma visual a los misterios del universo.